JUAN RODRÍGUEZ FREYLE: El descalabro de las tropas del gobernador Fernández Lugo




De forma general, las historias, cuentos, historielas” o “memorabiles”, de El carnero, son seleccionados de manera arbitraria por los estudiosos. Los análisis realizados enumeran entre 23 y 25 los textos que podrían entrar en la categoría de “cuentos”, aunque la ficción no participe en ellos y su apoyo argumental sea en su totalidad histórico.

En principio, lo que prima en la selección es un hecho posible de aislar del texto de los capítulos, y en el que sea posible distinguir una voluntad literaria -sin adjetivo- al escribirlo. Debe tener un principio, un desarrollo (o nudo) y un fin. Evidentemente, todo acto humano tiene un inicio que lleva consigo un fin, sea inmediato o diferido, con lo cual, de la demencial floresta de hechos del descubrimiento y conquista de América, es posible extraer cientos de historias extravagantes y exóticas como para llenar varios “libros de cuentos.”

Por ejemplo, de las truculentas vidas de los primeros gobernadores de Santa Marta, Freyle podría haber confeccionado otros cuentos. Digamos, de Rodrigo de Bastidas, el primer gobernador, quien debió enfrentar la sublevación de seis de sus nueve capitanes y a consecuencia de la cual una noche fue asaltado y herido gravemente a cuchilladas; los tres capitanes “fieles“ aprovecharon la ocasión para nombrar a uno de ellos gobernador y arrebatarle así el mando a Bastidas. Este, aceptando los hechos, solicitó quedarse en Santa Marta, pero el nuevo poder denegó tal deseo, enviándolo en barco a Cuba, donde murió a consecuencias de las heridas, y no a la Española, donde le hubiera sido posible denunciar ante la Real Audiencia los hechos y exigir respaldo militar para recuperar su gobernación.

Pero esta extravagante historia de las Indias, fue desechada por Freyle, quien prefirió narrar la terrible historia de las “cabalgadas” de las huestes de Fernández Lugo, capitaneadas por Gonzalo Jiménez de Quesada. La estructura narrativa es “perfecta” y reúne las condiciones exigidas para ser considerada un buen texto literario.


EL DESCALABRO DE LAS TROPAS DEL GOBERNADOR FERNÁNDEZ LUGO


El año adelante de 1535 dio el Emperador este gobierno (Santa Marta) por capitulación al Adelantado de Canarias, don Pedro Fernández de Lugo, y a don Alonso Luis de Lugo, su hijo, en sucesión; los cuales partieron de España al principio del dicho año en siete navíos de armada, en que venían mil y cien soldados, con capitanes y oficiales y soldados .

Llegados a Santa Marta, luego el gobernador, en cumplimiento de lo que el Emperador le había ordenado, hicieron una entrada a las tierras de Bonda, Matubare, y a la Ramada y al Río del Hacha, con intento de hacer aquellas conquistas; y no hallaron la gente que buscaban por haberse retirado, con que se volvieron perdidos, muertos de hambre y con más de cien hombres menos de los que llevaban, y gastaron todo el año de 1536 en aquel viaje sin ningún fruto ni provecho.

Como de la salida de los soldados no surtió efecto ninguno, el Adelantado, por cumplir con lo que el Emperador le había mandado, luego por cuaresma del año de 1537, nombró por su teniente de gobernador al licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, su asesor, que había venido con él y en su compañía, y era natural de Granada, para que descubriese nuevas tierras, con comisión que faltando él, quedase por te-niente en el mismo cargo el capitán Juan del Junco, que era persona principal; el cual después de hecha la conquista de este Nuevo Reino y fundada la ciudad de Santafé, cabeza de él y la corte y de la de Vélez, que fue la segunda, el dicho capitán Juan del Junco pobló la ciudad de Tunja, que fue la tercera de este Nuevo Reino.

Salieron de Santa Marta en conformidad de lo proveído y ordenado, por la misma cuaresma del dicho año , ochocientos soldados poco mas o menos, con sus capitanes y oficiales, en cinco bergantines, por el río arriba de la Magdalena, con mucho trabajo y sin guías, a donde se murieron y ahogaron muchos soldados hallándose en el río y en sus márgenes muchos indios caribes, con los cuales tuvieron muchas quazábaras, en que murieron muchos soldados flechados de flecha de hierba y ponzoña, y otros comidos de tigres y caimanes, que hay muchos en el río y montañas de aquel río; y otros picados de culebras, y los más del mal país y temple de la tierra; en cuya navegación gastaron más tiempo de un año, navegando siempre y caminado sin guías, hasta que hallaron en el dicho río, hacia los cuatro brazos, un arroyo pequeño, por donde entraron, y subiendo por él encontraron con un indio que llevaba dos panes de sal, el cual los guió por el río arriba, y salidos de él por tierra los guió hasta las sierras de Opón, términos de Vélez, y hasta meterlos en este Nuevo Reino.

Murieron en el camino hasta llegar al Reino más de seiscientos soldados, y llegaron a este Reino ciento y sesenta y siete, entre capitanes y soldados; estos reconocieron la gente que había en la comarca de Vélez, y lo propio hicieron de los de Tunja; y de allí se vinieron a esta de San-tafé, de donde salieron a reconocer otras partes y tierras, de las cuales se volvieron a esta de Santafé a fundar la ciudad para que fuese cabeza de las demás que se fundasen en este Nuevo Reino .


NOTAS
El hijo de Fernández Lugo recibió la capitulación y las cédulas con el nombramiento de su padre como Gobernador General y Capitán General de Santa Marta, el 22 de febrero de 1533.



La expedición salió de Tenerife el 3 de noviembre de 1535 y en los primeros días de 1536 llegó a su destino.

La ciudad de Tunja fue fundada por el capitán Gonzalo Suárez Rendón, el 6 de agosto de 1539.

Jiménez de Quesada, Fernández de Piedrahita y Fernández de Oviedo, siguiendo éste el Gran Cuaderno de Jiménez de Quesada, fijan la salida de la expedición en abril de 1537.

Fernández de Oviedo señala que seiscientos hombres iban por tierra y doscientos en los bergantines.

Significa pelea, combate, batalla, enfrentamiento militar.

En lo referente a las fechas, sigo las notas de Darío Achury Valenzuela a su edición de El carnero (Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1979), y en lo referente a Bastidas, a Juan Friede en su libro sobre el Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada y fundación de Bogotá (Banco de la República, Bogotá, 1960).








































FANTASMAS EN LA ESPAÑOLA - Las Casas - Mártir de Anglería



I.

De los primeros hechos fantásticos vividos por los soldados españoles en América, el más repetido figura en la crónica de Las Casas.

“Por esta causa (la cantidad de muertos y enfermos), muchos tiempos en esta isla española se tuvo por muchos ser cosa averiguada no osar, sin gran temor y peligro, pasar algunos por la Isabela después de despoblada, porque se publicaba ver y oír de noche y de día los que por allí pasaban o tenían que hacer, así como los que iban a montear puercos (que por allí después hubo muchos), y otros que cerca de allí en el campo moraban, muchas voces temerosas de horrible espanto, por los cuales no osaban tornar allí.

Se dijo también públicamente y entre la gente común al menos se platicaba y afirmaba, que una vez, yendo de día un hombre o dos por entre aquellos edificios de la Isabela, en una calle, aparecieron dos rengleras, a manera de dos coros de hombres, que parecían todos como gente noble y del Palacio, bien vestidos, ceñidas sus espadas y rebozados con tocas de camino, de las que entonces en España se usaban. Y estando admirados aquel o aquellos a quien esta visión pare-cómo habían venido allí (a) aportar gente tan nueva y ataviada, sin haberse sabido en esta isla de ellos nada, saludándolos y preguntándolos cuándo y de dónde venían, respondieron callando, solamente echando mano a los sombreros para los resaludar, quitaron juntamente con los sombreros las cabezas de sus cuerpos, quedando descabezados, y luego desaparecieron. De la cual visión y turbación quedaron los que los vieron cuasi muertos y por muchos días penados y asombrados.

  • II
Sin embargo, antes que estas extrañas visiones de los soldados en La Española, Mártir cuenta en el Libro Tercero de la Primera Década, correspondiente al segundo viaje de Colón, una historia igual de fantástica:

Al salir a un mar abierto, observo el almirante, a distancia de ochenta millas, otro elevadísimo monte. Se dirigió a él para proveerse de agua y de leña. Entre palmeras y pinos muy altos halló dos manantiales de agua dulce. Mientras cortaban madera y llenaban los barriles, uno de los ballesteros se aventuró en el bosque con ánimo de cazar, y allí se ofreció a su vista tan de improviso un hombre revestido de una túnica blanca, que al principio creyó ser un fraile de la orden de Santa María de la Merced, que el almirante llevaba consigo como sacerdote; pero al punto se juntaron s éste otros dos, procedentes del mismo sitio, y no tardó en revisar una tropa de cerca de treinta individuos, cubiertos con vestidos. Entonces, volviendo las espaldas y dando voces, huyó hacia las naves lo más rápidamente que pudo. Los de las túnicas se esforzaron por todos los medios y le persuadían a deponer todo temor; pero nuestro hombre no interrumpió su fuga.

Cuando el almirante tuvo conocimiento de esto, satisfecho de haber hallado gente civilizada, envió al punto a treinta hombres armados con orden de que si era preciso, se internasen cuarenta millas por la isla hasta que, buscándolos con toda diligencia, encontrasen a aquellos hombres u otros indígenas.

Después de cruzar el bosque tropezaron con una extensa llanura cubierta de hierba, en ninguna parte de la cual se veía vestigio de sendero; al intentar abrirse camino por la hierba, se vieron tan embarazados, que apenas pudieron avanzar una milla, pues aquella no era menor que nuestras mieses espigadas. Regresaron extenuados, sin haber encontrado una senda.

Al día siguiente envió Colón veinticinco hombres armados, a los que ordenó averiguar qué clase de gente habitaba aquella tierra. Los emisarios vieron no lejos de la playa huellas recientes de grandes animales, entre los cuales juzgaron que las había de leones, por lo que se dieron prisa a regresar llenos de miedo. (No doy el nombre del lugar a donde llego Colón para no equivocarme: la unica indicacion que hallo es que "Al salir a mar abierto, observó el Almirante, a distnacia de 80 millas, otro elevadísimo monte. Dirigiose a él...")